Los cuidados de sensibilidad esenia y egipcia constituyen un enfoque terapéutico integral del ser humano, cuyo auténtico origen se pierde en la Noche de los Tiempos. De hecho, aunque los egipcios contemporáneos del faraón Akenatón y sus herederos directos, los esenios, contribuyeron ampliamente a estructurar estos cuidados, sus raíces son claramente intemporales.
Los cuidados esenios y egipcios según la tradición completa enseñada por Daniel Meurois y Marie Johanne Croteau, abordan al ser humano en su triple constitución —cuerpo, alma y espíritu— así como en su naturaleza multidimensional.
Se hace referencia principalmente a la tradición esenia porque la comunidad de la que provenía el Maestro Jesús era conocida por practicar este tipo de cuidados.
En este sentido, los cuidados de sensibilidad esenia y egipcia no constituyen en absoluto un conjunto de “recetas terapéuticas” ni tampoco un método rígido encerrado en un marco predeterminado. Se reivindican como una visión holística y sagrada del ser humano en el corazón del océano de la Vida y a través del tiempo.
Esta entrevista, realizada por Sacrée Planète a Marie Johanne Croteau y a Daniel Meurois, ayuda a comprender el alcance de esta tradición terapéutica.
La Tradición de terapias energéticas que hoy conocemos bajo el nombre general de “Terapias esenias” era también conocida en el Egipto antiguo. Sin embargo, ¿no sería incluso más antigua? ¿Podéis hablarnos de sus verdaderos orígenes? ¿Podríamos decir que está en la Atlántida?
Daniel Meurois: En realidad, es una tradición que no tiene edad. Dado que se basa en un conocimiento íntimo de los circuitos que toma la Corriente universal de la Vida, en el sentido más amplio del término y, por tanto, en sentido cósmico e intemporal, es prácticamente imposible hablar de sus orígenes. Hablar de la Atlántida sería solo mencionar una simple etapa de su recorrido, nada más.
Lo que es cierto es que esta tradición no es únicamente “terrestre”. Quiero decir que ha viajado de un mundo a otro. Cada humanidad y cada pueblo por los que ha pasado le aportó su propia sensibilidad, es algo lógico. Además, esto ha contribuido a su riqueza.
En realidad, curar a través de las manos y en función de la anatomía sutil del cuerpo es un reflejo innato que tiene cualquier persona que sea sensible a la existencia del alma. Es la educación que se recibe desde la infancia la que normalmente le hace desviarse de esa relación con el ser, con su enfermedad y su sufrimiento. Podemos pensar sin temor a equivocarnos que lo que hoy día llamamos la Tradición egipcio-esenia se construyó a lo largo de las eras y los mundos a través de observaciones y experiencias, en su origen intuitivas, y después estructuradas en un sistema coherente que revela claramente la presencia de una arquitectura sutil del ser humano y, en consecuencia, de su relación con el Divino.
Este libro se centra en las enseñanzas y prácticas terapéuticas de los antiguos egipcios y de los esenios, proponiéndonos elementos importantes de comprensión y de trabajo.
¿Cuál fue el papel de Amenofis III y de Akenatón en la difusión de esta Tradición?
DM: Estos dos faraones fueron los principales responsables de la compilación completa y metódica de ese corpus de informaciones. Para Occidente, y en el ciclo presente de humanidad, son ellos los que estructuraron tal sistema de referencias y de prácticas. Fueron sus guardianes hasta su transmisión a un grupo restringido de personas en el seno del pueblo hebreo. La transmisión se realizó a través de Moisés, aunque este no tuviera una función de terapeuta entre los suyos. Cuando digo “Moisés” quiero decir él y su entorno cercano. De igual forma cuando nos referimos a Amenofis III y Akenatón… deberíamos decir más bien que fue bajo su petición. En resumen, todos los conocimientos que hoy día se consideran esotéricos en nuestra Cultura occidental fueron recopilados, estructurados y posteriormente desarrollados por los egipcios. Los esenios no adoptaron la totalidad de esta herencia. Su motivación principal eran las terapias, así como la información relativa a la constitución sutil del Universo. ¿Por qué? Sencillamente porque hay una relación de analogía entre ambos temas. El cuerpo humano es una réplica del cosmos. Fue la Cábala la que se ocupó del resto de los conocimientos de la tradición.
Algunas obras afirman que los que fueron formados según esa tradición habrían sido iniciados en la inmortalidad. ¿Pueden decirte algo sobre esto los anales akáshicos?
DM: El principio de inmortalidad no estaba entre las preocupaciones de los terapeutas esenios iniciados. Para ellos, igual que para nosotros, el cuerpo físico solo era algo transitorio. Sin embargo, existían prácticas muy especiales basadas esencialmente en la Maestría del Soplo, cuyo objetivo era limpiar el cuerpo y la mente de la mayor parte de las escorias que aceleran su envejecimiento. Estaban reservadas a un número reducido de personas (algo similar a los yogis experimentados) que se sentían llamadas a prolongar hasta el extremo el buen estado de su cuerpo. El hecho de poder llevar el cuerpo físico a otro plano vibratorio sin pasar por la muerte (como lo hacen los Maestros de Shambhalla y sus discípulos alquimistas) es el resultado de una iluminación o de una transfiguración individual orientada hacia una forma de servicio muy concreto. No corresponde a una escuela iniciática específica. Hoy día, la búsqueda casi compulsiva de la inmortalidad de la carne es claramente el delirio de una parte de occidente que está fascinado ante cualquier cosa que parezcan poderes y que además teme a la vejez y a la muerte. La verdadera inmortalidad se sitúa a otro nivel.
¿Cómo ha perdurado esta Tradición en el tiempo? ¿Existen hoy día grupos que pudieran ser los poseedores de sus conocimientos? Se habla a veces de la Rosa Cruz y de los Cátaros…
DM: La tradición egipcio-esenia perduró de manera subterránea en sus aspectos generales a través de las Escuelas y los Movimientos iniciáticos occidentales. Por solo citar los más conocidos, se puede hablar en efecto de las órdenes de Rosacruces, de algunas organizaciones que se proclamaban templarias, e incluso, en algunos aspectos, el Druidismo, aunque el origen de los conocimientos que lo componen sea más complejo. Es cierto que el catarismo no debe omitirse de esta lista, aunque podamos no compartir su concepción demasiado dualista… la que por otro lado le hace acercarse en cierta medida al “esenismo” de los monasterios.
Hablo de conocimientos considerados como puramente esotéricos, de rituales que llaman a las energías sutiles de la naturaleza, pero también de alta metafísica y de filosofía en el sentido sagrado de la palabra. Estos movimientos y estas escuelas se manifiestan generalmente por ciclos de actividad y ciclos de letargo, es decir, con altos y bajos, con apogeos y con decadencias, como todo lo que está encarnado.
Sin embargo, que yo sepa, es mucho menos evidente encontrar las huellas de una tradición terapéutica estructurada y completa en el seno de estas escuelas.
Sí, es cierto que existió una teoría de la transmisión de la estructura energética del cuerpo humano, aunque en Oriente hayan tenido una enseñanza mucho más precisa en este aspecto, pero no se transmitió la enseñanza organizada de prácticas terapéuticas propiamente dichas.
No hay que olvidar que la Tradición egipcio-esenia era esencialmente oral. Cuando alguna información se recogía por escrito, por ejemplo, en rollos de papiro, se hacía a menudo de manera codificada o simbólica. No era tanto para ocultar esa información como para preservar el carácter sagrado e intangible. Hoy día tenemos la impresión de que las palabras pueden definirlo todo mientras que, a menudo, guardan conceptos en una especie de vallado mental. Es ahí donde los símbolos y los arquetipos encuentran su razón de ser. Llevan la reflexión a diferentes niveles… sabiendo que no se accede a ciertos niveles meramente a través de una buena capacidad intelectual.

Tradición terapeútica Esenia y Egipcia según el método completo transmitido por Daniel Meurois y Marie Johanne Croteau.
Entonces, ¿cómo ha reaparecido esta Tradición terapéutica en nuestra época?
DM: Debo decir que, sin haberlo buscado, fui guiado personalmente a hacerla resurgir. Es importante aclarar que, contrariamente a lo que algunos han afirmado, esto no ocurrió a través de los Anales Akáshicos, la memoria del tiempo, sino mediante canalización.
Estas canalizaciones, realizadas por incorporación, se produjeron desde el otoño de 1984. Por otra parte, las investigaciones de mi alma en los Anales Akáshicos me han permitido profundizar y estructurar progresivamente el conjunto de informaciones descubiertas a lo largo de los años.
Así pues, en 1984, en el pueblo de Plazac, en pleno Perigord (Francia), comencé a canalizar y a retransmitir, “en directo”, informaciones de tipo terapéutico. Se me transmitían a partir de esferas de conciencia exteriores a la de nuestro planeta. Emanaban de seres no terrestres que ya habían comunicado, en un pasado remoto, con los antiguos pueblos de nuestro mundo, entre los que estaban especialmente los egipcios y los esenios.
Prefiero utilizar la expresión “esferas de conciencia exteriores a la de nuestro planeta” más que cualquier otra que pudiera ser más contemporánea. El motivo, básicamente, es que una parte de la ciencia ficción y algunos escritos han utilizado de cualquier forma esos términos y los han prostituido. Además, porque la noción de “esfera de conciencia” hace ante todo referencia a la de “nivel de conciencia”, es decir, a una altura interior del ser y a una tecnología más avanzada. De hecho, en los textos antiguos de nuestra cultura se habla de Elohims. Y en efecto son ellos la fuente de las informaciones que recibo desde 1984.
Un cierto número de esenios —aunque no todos— eran hombres y mujeres que, gracias a su sensibilidad física, mantenían una conexión fluida con lo Invisible. Estaban familiarizados con el contacto de presencias de origen no terrestre y de nivel cósmico, en estrecha relación con lo Divino. Incluso llegaban a comunicarse con los Elohim.
En 1984, cuando fui llevado a reconectar de manera regular con mis antiguas existencias esenia y egipcia, y a comenzar realmente el trabajo que intento seguir hoy, empecé a recibir de manera pública, ante un grupo de treinta a cincuenta personas una o dos veces por semana, enseñanzas relativas a las terapias esenias… o más exactamente egipcio-esenias.
En cada reunión, recogía algunas de estas informaciones por mi propia mano. Además, otros muchos datos fueron también grabados en cintas magnéticas, mientras eran transmitidos en los momentos de canalización ante las personas presentes. En el Perigord, ese trabajo se extendió unos doce años, y posteriormente siguió en Québec. De esta forma, aquella tradición terapéutica resurgió. El método de terapias energéticas que se transmitió estuvo siempre acompañado de mensajes concretos, con todo un conjunto de informaciones.
Estas informaciones, a la vez prácticas y espirituales, han llegado a constituir de manera natural a lo largo de los años un auténtico corpus. Y siempre son completadas por muchas visitas en los Anales akáshicos. De este modo se puede resumir la historia de esta Tradición terapéutica tal como existe hoy día…
Cuando las terapias esenias (o si se prefiere, egipcio-esenias, ya que este nombre es al fin y al cabo más preciso) han vuelto a “salir a la superficie” a través de las incorporaciones que viví, no les dábamos un nombre específico. Se hablaba simplemente de terapias energéticas universales. Finalmente, se les dio el nombre de esenias por asimilación, ya que fueron los terapeutas esenios los últimos en practicarlas hace unos dos mil años.
Debo añadir que la suma de informaciones que constituyen ahora se sigue enriqueciendo a medida que recibo más informaciones, con la ayuda y el conocimiento de mi mujer, Marie Johanne, que también está muy “conectada” con la “época esenia”.
Los esenios, igual que los antiguos egipcios, fueron unos maestros en el arte de las terapias energéticas. Este libro representa la quintaesencia de muchos años de investigaciones y de prácticas, pone a disposición del público el conjunto más completo que existe de sus técnicas y percepciones de la anatomía sutil del ser humano.
Para los esenios y los egipcios que vivieron antes que ellos, ¿qué significaba la enfermedad para el ser humano?
DM: En su tradición, como en todas las grandes tradiciones del mundo, los terapeutas que tienen una visión global de la enfermedad han percibido esta como una cita del ser consigo mismo. La enfermedad indica inevitablemente un cruce de caminos en la vida de una persona, un cruce de caminos que le sugiere repensar su manera de ser, esencialmente la salud de su vida interior. Esta salud es emocional y mental. También está en relación con sus creencias, ya que estas se convierten rápidamente en condicionamientos que orientan el comportamiento. En palabras actuales, podríamos decir que la enfermedad vista desde ese punto de vista se considera como un indicador rojo en el frontal de un coche. Es el signo de un desorden que hay que localizar, un desorden cuyas raíces pueden estar alejadas del síntoma que se manifiesta, o incluso pueden no tener aparentemente ninguna relación con este.
Volviendo a los esenios y a los egipcios, diría que consideraban que las masas energéticas generadas por los pensamientos humanos eran muy importantes. Veían en esas masas, que hoy día llamamos “formas pensamiento”, los gérmenes de la mayor parte de los problemas de salud. Habían observado, por un lado, que una parte de esas masas debilitan o desestructuran el aura humana, y por otro, que atraen a los organismos tóxicos que emanan del bajo astral, las “entidades-enfermedad”. Por eso, su primera preocupación era limpiar el organismo sutil del enfermo mediante todo tipo de métodos, y después crear ciertas barreras energéticas antes de intentar restablecer una corriente reparadora de vida. La noción de “desinfección” era por tanto esencial para ellos.
Enseñaban posteriormente a los enfermos que eran capaces de hacerlo diferentes mantras y prácticas de “reconstrucción mental” mediante visualización, con el fin de que modificaran su relación con la vida y no volvieran a caer en el mismo problema.
En general, atravesar una verdadera enfermedad era para estos pueblos como superar una iniciación. El objetivo era que se intentara comprender el sentido de la enfermedad, lo que no quiere decir que siempre se hiciera y menos que se consiguiera. Este enfoque, sin duda, se adelantaba a lo que hoy conocemos como psicoterapia… con la diferencia fundamental de que la existencia del alma era siempre el eje central. Lamentablemente, ese aspecto esencial no siempre está presente en la psicoterapia actual, ni mucho menos. El ser es una globalidad indivisible, lo que quiere decir que si amputamos una de sus dimensiones no resolveremos ningún problema en su origen. Solo lo cambiamos de lugar o bien le damos otro nombre.
En aquella época los terapeutas eran sacerdotes, ya que curar era un acto sagrado. Evidentemente, las cosas han cambiado hoy día y ya no concebimos que la espiritualidad tenga necesariamente nada que ver con las terapias. Marie Johanne, ¿a quién se dirigen las formaciones en terapias esenias que hoy día ofreces en colaboración con Daniel? ¿Qué lugar ocupa lo Sagrado en ellas?
Marie Johanne Croteau Meurois: Esta formación en terapias esenias no se dirige evidentemente a todo el mundo, ya que, siendo honestos, pensamos que lamentablemente no todo el mundo tiene las cualidades básicas de un buen terapeuta. Las cualidades esenciales que se buscan en nuestra escuela de formación son, entre otras, la compasión verdadera (mucha gente ignora el verdadero sentido de esa palabra), la voluntad sincera de ayudar y de sanar y la capacidad de escucha y acogida de la persona enferma. A ello hay que añadir la honestidad, el discernimiento, tener un camino espiritual y tener lo que hoy día llamamos fe.
Hay que precisar que el acto de curar es un acto de simbiosis total con el «Cielo». Debe manifestarse una trinidad compuesta por la Presencia divina, la del terapeuta y la del enfermo. Así, la energía terapéutica circula desde el Cielo hacia el terapeuta, que es su herramienta y su canal. El terapeuta, a través de sus manos, transmite al cuerpo del enfermo la “Onda sagrada de Curación”, cuya Luz vuelve después al “Cielo”. Se trata de movimiento trinitario y continuo de regeneración de la circulación de la Energía de Curación y de Amor de las esferas celestes.
¿Qué lugar se deja a lo Sagrado en estas terapias? Todo el lugar, ya que curar es un acto sagrado en sí mismo. Si se pide ayuda a una Presencia de Luz, si no hay reconocimiento de lo Sagrado, no puede haber una curación real. Es tan sencillo como eso. No sirve de nada aprender a “gesticular mentalmente” en lo sutil de un cuerpo enfermo o a emitir sonidos, porque no ocurrirá nada en profundidad. Todo resultado positivo en las terapias esenias y egipcias se basa en la fe del terapeuta y el respeto del aspecto sagrado de la terapia, y por tanto sobre una verdadera conexión con la Onda divina universal.
No solo enseñamos un conjunto de informaciones y técnicas que haya que integrar mentalmente. Enseñamos a desaprender el mental para conectarse a la Fuente y al Corazón de esta en uno mismo y en el exterior de uno mismo, para dejar que se exprese la corriente terapéutica en el cuerpo del enfermo.
Intentamos hacer sentir a nuestros estudiantes que existe un escalón que hay que subir, el que deja atrás el simple nivel del terapeuta y lleva al de terapeuta-sanador.
Por otro lado, recomendamos trabajar siempre en paralelo con la medicina oficial de nuestra sociedad ya que ninguna medicina debiera excluir a otra. Las terapias esenias o egipcio esenias no son técnicas que haya que realizar con mayor o menor habilidad con nuestras manos, sino que son el resultado de una comunión sagrada e íntima del alma y del corazón. La sabiduría y la maestría consisten en saber manejar con sentido una y otra. Nuestra formación pretende ofrecer todas las herramientas de este método, pero por encima de ello pretenden que se alcance su aspecto místico, permitiendo a las manos del terapeuta y a su corazón integrar en ellos la Onda de Curación y multiplicar de este modo el impacto de una simple técnica.
El amor solo no basta, necesita ese Soplo que se llama Voluntad. Sin él no soñáis nada, no realizáis nada
─Las primeras enseñanzas del Cristo de Daniel Meurois
El Cristo ocupa de manera evidente un lugar esencial en lo que enseñáis. ¿Lo consideráis como un terapeuta esenio?

Qumrán es un sitio arqueológico localizado en Cisjordania, Palestina en el norte del Valle del Mar Muerto y administrado por el Parque Nacional Qumrandebido.
MJCM: Sí, sin duda el Cristo ocupa un lugar importantísimo en lo que enseñamos, no porque consideremos que fuera un terapeuta esenio. En efecto, había sido formado por la Gran Fraternidad de los Hermanos de Blanco desde su niñez en el Krmel, pero de igual modo había sido iniciado en Egipto y había enseñado en los templos de terapias.
Daniel Meurois ha hablado en detalle sobre el tema en sus libros y seminarios; por recordarlo brevemente, escribió esto:
A la vuelta de su largo viaje de 17 años por la India y los Himalayas, el Maestro Jeshuá, durante una muerte iniciática vivida en el corazón de la gran pirámide de Keops, fue investido por la supra-conciencia solar del Cristo.
Después de este gran acontecimiento, fue investido por otra Fuerza durante una segunda iniciación. Durante la famosa ceremonia del Bautismo en las aguas del Jordán, a la supra-Conciencia del Cristo se le unió la del Logos de nuestra galaxia. Así, cuando hablamos de Cristo, hablamos de Cristo-Jesús. Evocamos tres potencias en una: la primera es la del Maestro de Sabiduría encarnado, la segunda es la del Ser más Realizado de nuestro sistema solar y, finalmente, la tercera puede definirse como procedente de la más Grande Presencia manifestada en nuestra Galaxia.
Tuve la suerte de ser un testigo femenino cercano a Cristo hace dos mil años. Describiros Lo que fue y Lo que hoy día es para mí es muy difícil… las palabras son demasiado pequeñas y carentes de significado… Todavía hoy no consigo describir ni expresar todo lo que provenía e irradiaba de Él y a través de Él.
No, el Cristo no era un terapeuta esenio, ¡era el Cristo!
Hoy día enseño a través de mi propio recuerdo de las enseñanzas que recibí en persona del propio Maestro Jeshua junto a un pequeño grupo de más o menos diez personas. Lo hago así con la memoria viva de mi alma. A través de este recuerdo pasan todas mis enseñanzas. Por supuesto, teniendo siempre presente la fuente original de estas terapias que Daniel recibió directamente de los Elohims (o Hermanos de las Estrellas) y que ha revivificado desde 1984.
¿Los terapeutas esenios eran más a menudo hombres o mujeres? ¿Tenían las mujeres alguna función específica con la ayuda, por ejemplo, de aceites o plantas?
MJCM: Las tradiciones de las Iglesias son esencialmente patriarcales y siempre han tendido a dejar todo el protagonismo a los hombres. El Maestro Jeshua, sin embargo, privilegió o fomentó una tradición matriarcal. Sus primeros discípulos fueron sin duda mujeres, su madre Myriam, María Magdalena, María Salomé, María Jacobé… Estas discípulas se dedicaron a curar como lo hacía Él tanto como los hombres. Además, algunas de entre ellas trabajaron en la elaboración de aceites esenciales que se utilizaban en las terapias, perfumes específicos, así como utilizaron plantas medicinales según los métodos ancestrales esenios y egipcios. Sin embargo, no hay que pensar que todos los discípulos del Maestro Jeshua tuvieran dones para la curación o conocimientos en ese ámbito… de igual modo que sería erróneo pensar que todos tenían dotes de oradores y eran capaces de atraer a las multitudes. Es su irradiación la que operó lo esencial de la transmisión de la sensibilidad crística, fueran hombres o mujeres, terapeutas o no.
Daniel, ¿hubo una evolución entre los terapeutas egipcios y esenios? ¿Podría decirse que las terapias esenias eran algo más etéreas, o más sencillas?
DM: Necesariamente hubo una evolución, o más bien un conjunto de adaptaciones. Es algo lógico y que da confianza, ya que todo lo que se petrifica, muere. Cada pueblo, cada cultura, tiene su propia sensibilidad, sus propios puntos fuertes y sus debilidades. Un mismo conocimiento que viaja de una Tradición a otra se impregna inevitablemente del color de la tierra que la recibe. Puede enriquecerse en algunos aspectos o puede empobrecerse en otros, es eso lo que la mantiene viva. No hay que olvidar que la naturaleza de estas terapias era ante todo oral. En consecuencia, de un instructor a otro, de Egipto a Palestina, se encontraban variaciones. En realidad, afirmar que las terapias eran más etéreas o sencillas en los esenios que en los egipcios sería algo simplista. Dependía esencialmente del maestro que enseñaba y del contexto en el que comunicaba su conocimiento.
En cualquier caso, sí reconozco que los esenios temían algo más el contacto con el cuerpo que los egipcios, debido a su pertenencia al judaísmo. De igual modo, diría que los egipcios se mostraban menos dualistas en este ámbito ya que concebían de manera más clara el cuerpo físico como un templo que había que respetar como una manifestación pensante de la vida. A ese nivel, Jeshua se mostraba en efecto más egipcio que esenio, ya que no temía ningún aspecto del cuerpo humano, no menospreciaba en absoluto el contacto de la carne, contrariamente a lo que toda la Tradición cristiana ha intentado hacernos creer. A sus ojos, la vida era una globalidad y ninguno de sus niveles de manifestación debía excluirse. Es algo que Marie Johanne y yo intentamos hacer comprender en la forma en la que enseñamos las terapias. Lo sutil y lo denso están estrechamente relacionados y no deben rechazarse ni excluirse uno al otro. Numerosas personas pretenden querer dejar atrás la dualidad, pero no son capaces de comprender que eso comienza ahí. El hecho de aprender a entrar en contacto con las expresiones etéricas de la vida no sobreentiende una pérdida ni mucho menos una negación de sus raíces más densas.
La ciencia actual ha descubierto nociones que al parecer los egipcios ya conocían hace varios miles de años. ¿Puedes hablarnos de ello?
DM: Sí, en efecto, en Así curaban ellos hablo de la existencia en el corazón humano de un punto preciso que los egipcios de la época de Akenatón llamaban el “punto vida”. Ese punto parece corresponder con una zona descubierta no hace mucho en el corazón humano por los investigadores del Instituto Heartmath, en los Estados Unidos. Se trata de una zona hiper-sensible, constituida por en torno a 40.000 células, que hay que evitar tocar en todo caso durante una cirugía cardiaca, a riesgo de provocar la muerte instantánea del paciente.
Los investigadores hablan claramente de este punto como de un cerebro cardiaco dotado de memoria. Por lo que a mí respecta, ese punto me hace necesariamente pensar en la prolongación o en la expresión física de lo que llamamos átomo germen. El átomo germen es un átomo sutil hecho de una condensación de Akasha. Constituye de algún modo la base de datos fundamental (o usando otras palabras, el “disco duro”) de cada ser humano. Es su memoria total desde el origen de lo que es. Así, vehicula los elementos kármicos de cada persona, su historia y su arquitectura profunda. No dudo que este descubrimiento moderno (que no es sino un redescubrimiento) pueda provocar mucho interés en los próximos años, y contribuir al fin y al cabo al acercamiento de lo sutil y de lo denso. ¿Comprenderemos al fin que la inteligencia del corazón no es solo un hermoso concepto metafórico y poético?
Entrevista a Daniel Meurois y a Marie Johanne Croteau Meurois.
Realizada por Sacrée Planète
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Tenho a maioria dos livros de Daniel e tenho gostado pois eles tocam minha alma.
Agradeço a equipe da ISTHAR pelas publicações preciosas e desejo seguir lendo e conhecendo essas belas ideias que são nossa herança como humanidade e seres cósmicos.
gratidão!!
Agradecimiento a Daniel Meurois y Marie Johanne Croteau
Por devolver al mundo la memoria viva de las terapias esenias y egipcias
Hay obras y seres que marcan un antes y un después en la historia espiritual de la humanidad. Daniel Meurois y Marie Johanne Croteau son, sin duda, dos de ellos. A través de su entrega, su sabiduría y su profunda conexión con lo sagrado, han devuelto a nuestro tiempo una tradición terapéutica ancestral: los cuidados de sensibilidad esenia y egipcia, un legado que une cuerpo, alma y espíritu en un mismo acto de amor y conciencia.
Gracias a ellos, hoy podemos reencontrar una enseñanza que se creía perdida en la “Noche de los Tiempos”, una sabiduría que fluye más allá de las eras y de las fronteras humanas. Su trabajo no solo rescata una técnica, sino que revive una visión sagrada del ser humano, recordándonos que sanar es un acto de comunión entre el Cielo y la Tierra.
Daniel, con su extraordinaria capacidad de conexión con las esferas de conciencia superiores, y Marie Johanne, con su sensibilidad y fidelidad al espíritu original de la enseñanza, han tejido juntos un puente luminoso entre las antiguas escuelas de Egipto, la comunidad esenia y el corazón del buscador contemporáneo.
Sus enseñanzas nos invitan a recordar que toda curación verdadera nace del alma, que el terapeuta es un canal entre la Luz y el ser, y que la enfermedad no es un castigo, sino una llamada al despertar interior.
En un mundo que ha separado la ciencia de lo sagrado, ellos nos devuelven la esperanza de una síntesis posible, viva y real.
Gracias, Daniel y Marie Johanne, por vuestra labor incansable, por vuestra pureza de intención y por haber reavivado el fuego de una tradición universal que vuelve a latir en el corazón de la humanidad.